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miércoles, 10 de octubre de 2012

Reseña: Ciudad de Cristal, de Paul Auster.


Suelo reconciliarme cada tanto con libros como el de hoy. A veces me pierdo, intentando leer algo de lo que leía antes pero mi -creo- ya madurado hábito de leer historias un poco más grandes, me impulsa a buscar historias como las de Auster. Así pues, es como me tropecé con su famosa Trilogía de Nueva York, y en ella, su primera novela: Ciudad de Cristal.

Quinn, que en otros tiempos fuera poeta y cuya mujer e hijo han muerto, vive en la más absoluta soledad, escribiendo novelas policíacas, despojado de toda ambición literaria y lejos de los fastos del mundo. Alguien lo llama varias veces por teléfono en medio de la noche, tomándolo por un detective llamado Paul Auster, y solicitando con desesperación su ayuda. Quinn, entre curioso y conmovido, decide al fin personificar al desconocido Paul Auster y concierta una cita. Conoce entonces a otro pálido poeta, que cuenta una historia aterradora: cuando nació, su padre, una combinación de místico y lingüista demente, lo encerró y aisló del mundo durante años para que pudiera hablar «la verdadera lengua de los hombres», aquella que olvidaron tras la construcción de la torre de Babel. Pero el niño fue rescatado y el padre recluido en una institución un manicomio, o quizás una cárcel, de la que ahora está a punto de salir. Y el hijo, que teme por su vida, desea que el detective Paul Auster o Quinn lo proteja. Con "Ciudad de cristal" se inició La trilogía de Nueva York, un deslumbrante conjunto de thrillers posmodernos que, según los críticos, marca un nuevo punto de partida para la novela norteamericana.
El libro comienza tranquilo, invitando a entrar en él con calma  y sin mucha prisa. Podría decir que pese a la sinopsis, no me asomé ni lejos con lo que pensaba encontrarme. 
Desde el comienzo la historia se va perfilando interesante, mostrando desde el principio a nuestro protagonista y ofreciendo detalles acerca de su estilo de vida. Todo monotonía hasta que recibe por azar una llamada equivocada, en donde se solicita los servicios detectivescos que supuestamente ofrece un hombre llamado Paul Auster (¿qué casualidad, no creen?). A partir de ahí, y gracias a su espíritu aventurero, se embarca en una misión de suplantación que lo llevará a recorrer la ciudad de los grandes edificios y perderse en ella con una psicología impresionante. 

Ciudad de Cristal es una novela profunda, con matices y de una narrativa de carácter, que se cuela fácilmente en nuestra alma lectora. El autor no escatima en hacernos llegar las cosas tal cual tienen que ser pronunciadas, dejando ver un estilo de escritura admirable y  entre líneas, una historia montada partiendo de una base nada convencional. Porque si algo debe resaltarse de todo, es lo poco habitual que resulta la resolución de la trama, pues ella se fundamente en una mera y supuesta casualidad.

En cuanto a los personajes, podría extenderme muchas páginas para solo hablar del protagonista y no solo él merece mención en esta parte. Solo basta decir que se nos presentan con una fuerza impresionante, y aunque algunos solo se dejan ver por muy poco tiempo, eso no resta para nada las posibilidades de examinarlos muy a fondo.

Paul Auster es sin duda alguna un autor que se las trae, sabe que cada detalle cuenta y no los hace saber desde muy temprano. Trabaja con un supuesto destino que tiene escrito ciertas cosas y alterna las acciones de muy buena manera. Juega con la identidad y todo lo que ella trae consigo, mostrando así que suele ser tan compleja como variopinta y muy maravillosa. Logra tejer un trama que se nos escurre entre los dedos, dibujando en toda ella una historia con una profundidad que a todos no gustaría.

En síntesis, recomiendo totalmente Ciudad de Cristal, pues adentrarse en ella es un placer que todos deberían  probar, y aunque adquirí la edición completa de la Trilogía en un solo tomo, esperaré a leer otra historia para volver a encontrarme con Auster. Solo espero seguir encantado con su narrativa. 



Por ahora pienso, aunque más tarde lo olvide, que quiero un cuaderno rojo para mí.