Cada tanto me gustar sumergirme en algún librito de esos que tiene Stefan Zweig en su rica colección, y por ende, disfrutar enormemente de su estilo narrativo elegante y directo.
Hoy vengo nada menos que con Mendel el de los libros. Un relato enmarcado en los años 1929, que nos cuenta la historia de un viejo librero llamado Jakob Mendel y su talentoso poder de concentración y literario, pues ante todos se presenta como un lector empedernido con una memoria extraordinariamente inusual incluso hoy en día.
Además de ser un hombre completamente excéntrico, Mendel es un personaje que, pese a ser bastante inteligente, posee una inocencia intrínseca de aquel que solo vive su propia vida, encerado en una burbuja de sed de sabiduría que solo las letras pueden apaciguar día tras día, con un café en la mano y el día como lienzo para adquirir un nuevo aprendizaje.
Como ya es costumbre con Zweig, las hojas se nos escurren sin querer divisar un final cercano, a una velocidad impresionante, y cuando nos damos cuenta hemos terminado un muy breve relato sobre sentimientos, encuentros, fidelidad, amistad, amores que transcienden tradicionalismos, protagonistas difíciles de olvidar, lugares en los que se respiran libros con mucho que contar, cuestiones de sumo interés y un sin fin de emociones que solo el Zweig sin florituras es capaz de trasmitir.
En síntesis, Mendel el de los libros, un relato brillante tapizado con esa prosa de Zweig que tanto nos gusta para disfrutar en minutos y saborear un perfilado estilo de escritura. Así mismo, gozar de la enigmática personalidad de un Mendel único.
Yo aún sigo imaginando la vieja mesa de mármol sucio y la brillante y nueva caja registradora...